El desprendimiento

febrero 21, 2016 |

Misericordia3
No hay que ir muy lejos para hacer hoy mismo una Obra de Misericordia. Te invito sólo a que eches un vistazo a tu ropero o armario. ¿Qué encuentras?, ¿cuánta ropa tienes?, ¿cuántos pares de zapatos? Seguramente ya encontraste otra forma de acercar la Misericordia a otro que la necesita, ¿o no? Yo creo que siempre hay algo ahí en el ropero que está en buenas condiciones, que casi no usamos y que podemos dar alguien que lo necesite.

Volvamos al texto bíblico con el que comenzamos estas reflexiones: “estuve desnudo y me vestiste…” Es cierto que muchas veces sentimos como que nos arrancamos un pedazo de nosotros mismos al dar esa ropa o zapatos, pero también es cierto que además de hacer algo bueno por los demás nos estamos haciendo algo bueno a nosotros mismos. Al regalar nuestra ropa, estamos practicando esa pobreza y desprendimiento de la que nos habla Jesús en su Palabra. Esa pobreza y desprendimiento son necesarios para no poner nuestro corazón en las cosas materiales y terrenas, a las que tanto estamos aferrados, y también para salir un poco del ensimismamiento en el que vivimos. Cuando realmente somos conscientes de la necesidad que otros tiene de vestir, ya no hay lugar a la vanidad de querer comprar sólo ropa de marca, en la que muchas veces pagamos cantidades exageradas e injustas. ¿Cuánto bien podríamos hacer con eso que nos podemos ahorrar al no comprar ropa de marca?

No tengamos miedo y salgamos, apoyemos a las instituciones que recogen ropa, zapatos o utensilios. Invitemos también a los que están cerca de nosotros a que echen un vistazo a su closet y saquen algo para donar. Ayudemos a los vecinos que han perdido sus pertenecías por la delincuencia o por alguna catástrofe natural.

También haya otro tipo de vestiduras que deberíamos poner: la vestidura del honor, del respeto, de la protección, la afirmación de la dignidad del otro, del amor. Siempre tendrás que cubrir la desnudez del prójimo con el manto de la caridad. En esta obra de misericordia hay que prestar también mucho cuidado porque hay algo mucho más grave que no vestir al desnudo: desnudar al vestido. San Agustín dice “Si, pues, ha de ir al fuego eterno aquel a quien le diga: estuve desnudo y no me vestiste, ¿qué lugar tendrá en el fuego eterno aquel a quien le diga: estaba vestido y tú me desnudaste?”. Tengamos cuidado que con nuestra falta de amor estemos quitando respeto, dignidad y justicia a los demás.

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