Conoce a Enrique Varela, O.Carm. (Kike)

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¡Sólo un fraile carmelita!

Cuando la gente me pregunta que desde cuándo pensé en ser sacerdote les contesto que fue ¡desde nunca.! Mi vocación al Carmelo no nació con el deseo de ser sacerdote, sino con el deseo de vivir una vida a plenitud como lo dicen la profundidad, el enigma y la pasión del poema “Noche Oscura” de Juan de la Cruz. Esto era todo lo que yo conocía de los carmelitas y eso era lo que me movía a seguir buscando quiénes eran y qué hacían los frailes carmelitas. No me interesaba la vida de los sacerdote, me interesaba la vida de un fraile: Juan de la Cruz, a pesar de que no sabía nada más de ellos.

Al ir conociendo más el carisma carmelita, lo que más me gustaba era la vida de intimidad con Dios de la que hablan los santos del Carmelo. Así fue que descubrí la importancia que tiene la vida de oración para lograr esta intimidad. Es sólo a través de la oración que podemos ver la presencia o la ausencia de Dios en todas las circunstancias ordinarias de la vida, o sea, ser hombres contemplativos. Esta idea me robó el corazón, pues me daba cuenta que podía servir a Dios y a la Iglesia no sólo siendo sacerdote ni en una parroquia, sino siendo un hombre de oración y fuera de las paredes de una iglesia haciendo lo que más me guste y en lo que soy bueno haciendo.

La vocación al sacerdocio fue naciendo poco a poco, conforme me iba encontrando con situaciones específicas, como cuando fui interno en dos parroquias hispanas y capellán en un hospital psiquiátrico. Los latinos tenía necesidad de compartir sus experiencias espirituales y celebrar los sacramentos con alguien que, aparte de hablar su idioma, pudiera sentir como ellos por ser latino como ellos.
Los tres pilares de la vida carmelita – oración, comunidad y pastoral – fueron guiando mi discernimiento y me siguen sosteniendo en mi vocación. La vocación al Carmelo es un Camino de Transformación porque significa “vivir en alianza a Jesucristo y servirle con corazón puro” al ejemplo del Profeta Elías y bajo la protección de nuestra Madre María. Ser Profeta como Elías y un Místico como María es un don de Dios.

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