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Edgar Lopez, O.Carm.

Luis Jesús Paz Acosta, O.Carm.

 

CARMELITA EN EL FUTURO

¿Por qué ser carmelita?

Es una pregunta muy profunda en la cual es necesario adentrarse al fondo de las fibras humanas y en ellas descubrir algo común a todo ser humano: el deseo.

Ese deseo intenta ser complacido por nuestro mundo. En él tenemos muchísimo desarrollo tecnológico, económico, político. ¿Pero que tal del cultural o social? ¿Podemos llamarle progreso? Hay estructuras que son necesarias cambiar para tener ese desarrollo social y cultural. Gente más felices, con mayores oportunidades en la vida, para trabajar, estudiar, aprender, amar.

En nuestro mundo existen distintas realidades o situaciones que son dañinas e intentan satisfacer nuestro deseo profundo con cosas fútiles y alienantes. A continuación describo algunas y nuestras herramientas carmelitas (cristianas en el fondo) que denuncian el intento fallido de completar nuestro deseo.

Simplicidad contra Consumismo  

El consumismo está acabando con nuestro planeta, estamos asesinándolo. Al principio fue lentamente, ahora en un ritmo más acelerado. Es increíble que sigamos haciendo esto; creamos (o nos crean) necesidades y después nos lanzamos con todas las fuerzas y agresividad para cumplirlas, no importa cuanto cueste.  Nuestro deseo se vuelca hacia el objeto. Hemos objetivado al humano y humanizado al objeto. Nuestros celulares y computadoras, mp3, cine, futbol, alcohol, dinero, entre otras muchas cosas más, se han convertido en nuestras amistades y en nuestros amos. ¿Las necesidades son nuestras o alguien las impone?

Incluso los que criticamos el consumismo a veces no podemos escapar de él y sólo lo obviamos o lo aceptamos tal cual.

Ante está realidad la respuesta carmelita es la simplicidad. Vivir una vida vacía en materialidades innecesarias y llena de vivencias y experiencias del Dios de Jesús, del Abbá. El vacare deo es la experiencia primaria de los eremitas en el monte, sin embargo ha pasado a ser la última en importancia para nosotros. No se trata de vivir como eremitas otra vez, ni de hacer ponencias fastuosas criticando al consumismo; sino principalmente de vivir, dando testimonio de la simplicidad del Carmelo, con nuestro actuar, dejando todo las necesidades creadas y anodinas. Al fin levantarse como Elías a denunciar a los baales de nuestro tiempo, pero siendo consecuente con esa denuncia.   

Amor a la soledad contra Terror a la soledad

Estamos actualmente viviendo en un momento histórico donde hemos desatado a Eros, nuestras sociedades de ahora tienen más sexo que nuestros antepasados y no tenemos reparos en eso. Además nos sentimos más interconectados (Internet, teléfono, celulares, GPS, aviones, trasportes), las distancias han disminuido y la rapidez se ha incrementado. Estamos más unidos, pero al mismo tiempo también nos sentimos muy solos. Tenemos un terrible horror a la soledad, en nuestra peor enemiga, siempre queremos estar en contacto, conectados.

El carmelita ama la soledad, pues reconoce que está sólo en el mundo. Sabe que ese sentimiento lo acompañará hasta al final de su existencia. Reconociendo la soledad se vuelve tu mejor amiga y es un escalón que te ayuda para llegar a ser libre y feliz. Nuestra soledad nos ayuda a relacionarnos con nuestro Dios Padre-Madre, nos incrementa nuestra seguridad y nos lanza  a actuar por de la justicia y la paz en el mundo. Por supuesto que amar la soledad no significa individualismo ni egocentrismo, sino experiencia total con Dios y compromiso con el prójimo más menesteroso. La soledad es inherente a todo ser humano. Tal soledad es amada por los Carmelitas.

Tranquilidad contra ansiedad

Corremos, nos movemos, no estamos satisfechos en ningún lugar, a veces todo nos parece banalidad, superficialidad, futilidad, nimiedad. No tenemos tiempo para nada. La espiritualidad carmelita (el saberse hijo amado de Dios, la contemplación, el servicio) coloca a la persona en otra dimensión. Ves con otros ojos, con los ojos misericordiosos y compasivos de Jesús. Ya no hay banalidades sólo debilidad, ya no hay superficialidades sólo equivocaciones. Te otorga tranquilidad y fe profunda que pocas veces se disturba. Caminamos sabiendo que estamos caminando, comemos sabiendo que lo estamos haciendo, tenemos la seguridad de estar haciendo cosas pequeñas en los ojos del mundo, pero grandiosas para Dios (Santa Teresita) y eso nos basta.

Si el mundo es tarea y los carmelitas tenemos esas armas entonces tenemos futuro. Pero no es un futuro incierto, sino un futuro de y con fe.

La espiritualidad carmelita tiene valor en este mundo. Un mundo marcado por egoísmo, éxitos efímeros, ganas de acumular y de consumir. También marcado por la vaguedad del sexo. Sin embargo también transido de amor y gracia, de alegría y encuentros. Entonces posee valor nuestro carisma porque el deseo humano es más grande que todo lo nos puedan ofrecer. Siempre hay algo más, ya que la esencia humana es inabarcable.

Quizás pareciera que me envolví en una abstracción y explicación de la espiritualidad carmelita y su importancia en el mundo dejando de lado mi propia experiencia. Pues sí, lo hice. Por tal ahora menciono mi sentir y pensar en esta espiritualidad.

Hace un tiempo escribí esto: “Ni una sola palabra me consolará, ni el llanto me aliviará, ni los gestos me colmarán, solo tú. Sólo tú.” Ahora sé que es necesario vivir con el deseo, que el deseo (y la soledad) me acompañará hasta el final y que me ayudará a dinamizar mi existencia, pero que nunca será colmado. Mi vida en el Carmelo me ha abierto muchas perspectivas y eliminado muchas imágenes falsas, tanto de mí, como de Dios. Lo majestuoso se ha ido y lo simple ha quedado.

Si bien es cierto que la vida está hecha por los instantes que cada uno vivimos, nuestros recuerdos calan hondo en nuestras conciencias, y al final de todos seremos juzgados por cuanto amamos (San Juan de la Cruz), pues esa capacidad intrínseca se encuentra en todo ser humano. Sin excepción.

Finalmente seguirá existiendo el Carmelo si existen personas que se acerquen a la fuente de la vida y compartan con su existencia la gran riqueza de esta espiritualidad, que, hoy más que nunca, puede ayudar al ser humano en su camino de humanización y de plenitud. Y ayudar a las personas para poner el énfasis en lo verdaderamente importante y duradero.

 


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