Treceava Estación:
Pentecostés

mayo 9, 2016 |

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Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos. De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban.
Aparecieron lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todos los países del mundo. Al oírse el ruido, se reunió una multitud, y estaban asombrados porque cada uno oía a los apóstoles hablando en su propio idioma. Fuera de sí por el asombro, comentaban:
—¿Acaso los que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno los oímos en nuestra lengua nativa? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y los distritos de Libia junto a Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes: todos los oímos contar, en nuestras lenguas, las maravillas de Dios.
Hechos 2, 1-11

Con los apóstoles, nosotros también recibimos el Espíritu Santo el día de nuestro bautismo. Y así como ellos estuvieron reunidos en una habitación, nosotros estamos reunidos en el Cuerpo de Cristo. Tenemos ahora la fuerza de Espíritu, la fuerza que nos empuja a hacer palpable el amor y la misericordia de Dios. ¿Cómo se refleja esto en mi comunidad?

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