Trabajar para vivir

septiembre 25, 2013 |

1291531_10202091056257260_1257011946_nComo ya lo había mencionado antes, mi familia es prominentemente de campo. Las actividades laborales van más encaminadas por ese ámbito. Sin embargo, gracias a la educación recibida y la rápida industrialización de nuestro estado, mis hermanos cambiaron el rumbo de las actividades familiares en cuanto al trabajo. Por ejemplo, mi hermano mayor, trabaja en una empresa cervecera con gran prestigio en América Latina (yo tuve la oportunidad de trabajar en ese mismo lugar muchos años después, pero cuando Dios me dio la oportunidad de conocerlo en este camino del Carmelo, dejé mi trabajo, para darme la oportunidad de crecer más en el ámbito eclesial).

Desde mi infancia, el trabajo ha estado presente en mi vida gracias a que nuestros padres me han dado ejemplo de ello. En familia, si deseábamos obtener algo o asistir a las fiestas del pueblo, teníamos que trabajar en las parcelas de frijol o de chile, para ganar el dinero para pasar una o dos tardes en los juegos mecánicos de la feria local. Por lo regular, los fines de semana, sábados y domingos, nos levantábamos a las 5 am para ir al rancho del abuelo, con un frio insoportable para poder terminar lo más temprano posible nuestra jornada de labores. Al final del día, nos preparábamos para ir a la feria, nos bañábamos, arreglábamos, y por fin ¡a la fiesta!

No debo negar otra cosa. Soy consciente ahora, más que antes que cuando tenía que trabajar, y más en actividades del campo, sentía cierta pena, o vergüenza de hacerlo. La presencia de amigos y gente de cierta influencia a mí alrededor me condicionó en un tiempo. Por dar un ejemplo, recuerdo una mañana de sábado, cuando mi papá nos llevó a trabajar con un grupo de aproximadamente 14 amigos al campo, y mientras recogíamos “borregas” de frijol llegaron ahí, amigos de mi papá con sus hijos, quienes eran compañeros de clases. En ese momento, sentí una pena enorme de que me vieran en esas condiciones, sucio, quemado por el calor del sol, en pocas palabras, trabajando. Hubo varias ocasiones similares a esta, pero, poco a poco, fueron superadas. Fue un periodo que, ahora que lo pienso, casi todos mis amigos, han pasado por lo mismo, pero con el tiempo, hemos logrado madurar un poco más, y reconocer lo errados que estábamos.

Gregorio Vazquez, OCarm
Nació en Zacatecas México, el 15 de octubre de 1980. Estudió el bachillerato filosófico en la UIC, Ciudad de México, durante el prenoviciado, iniciado en Agosto de 2010. Vivió su noviciado en Perú y profesó el 4 de enero de 2013. Actualmente estudia inglés en Washington DC. A partir del mes de septiembre estará como interno en Torreón, Coahuila, México.
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