Se terminó la luna de miel

noviembre 14, 2014 |

en casa san jose 2014_recargado
Por Roberto Mejía
En algún momento de nuestra vida hemos escuchado, sobre todo en relaciones de pareja o matrimonio, la frase: “Se nos acabó la luna de miel”, es decir, que lo “bonito”, “maravilloso” o “sweet” se terminó y es cuando uno choca contra la realidad.
Hace tres meses cinco integrantes ingresamos al programa de formación de la Orden del Carmen en casa San José el 5 de agosto del 2014. La primera semana estuvimos de retiro conociendo un poco a Elías y la virgen María que son figuras que inspiraron nuestra orden y carisma; también vimos algo sobre el procesos de formación (etapas, tiempos, lugares, reglas, etc.). Todo era alegría, amabilidad, amor fraterno, y comprensión; “ingenuos…” Todo era lo que uno puede esperar de una comunidad religiosa, en pocas palabras, estaba viviendo mi “luna de miel”.
No fue sino hasta la segunda semana, una noche después de la cena cuando algo sucedió, mi realidad iba a cambiar por completo y mi “luna de miel” estaba por acabarse. Mientras mis hermanos lavaban loza y yo recogía la comida que se encontraba en el comedor, Kike y Mario, nuestros hermanos mayores, tuvieron una alocada y fuerte discusión, parecían un tigre y un león defendiendo su punto de vista. En un parpadear de ojos el ambiente se puso incómodo y tenso, yo que estaba cerca de la zona de fuego lleno de incomodidad me fui rapidito a la cocina; estando ahí, lo demás formandos nos miramos todos con una cara de asombro, ¿Qué pasó aquí? Mientras afuera se desarrollaba el duelo de titanes, nadie cedía ante sus ideas y los argumentos, el tono de voz aumentaba, la autoridad se imponía, no queda más remedio que uno de los dos se retirara del lugar, y así fue. El tiempo y trabajo personal de Mario y Kike hizo que regresaran a su comunicación y fraternidad cotidiana.
A partir de ese momento tuve un “insight”: la vida comunitaria no es como uno cree, la comunidad se compone de un conjunto de personas que traen sueños, creencias, debilidades, historia familiar, lugar de origen, y valores que se unen en un mismo lugar para caminar hacia un mismo proyecto. He aprendido durante mi corta estancia que uno no viene al Carmelo a hacer amigo, sino a ser hermano.
A pesar de que las fricciones personales dentro de la vida común del carmelita y las discusiones entre los hermanos son inevitables, es donde crecemos y nos vamos confrontando a nosotros mismos. Es en la vida comunitaria en donde mido y mesuro mi ego al enfrentarme con los demás para quitar de mí lo que sale sobrando y ser así mejores versiones de lo que ya somos. Es así como se vive en comunidad, es como estar con mi familia.

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