¡¿Que tengo cuerpo de uva?!

octubre 14, 2014 |

en casa san jose 2014_recargadoPor: Ricardo Cruz Mejía

El domingo pasado que fui a misa escuché la parábola del dueño de la viña y no sé por qué, mientras leían este evangelio me imaginé como una uva, ¿es en serio que me veía como una uva? Sí, no sé por qué de repente me visualicé de esta manera, una uva que puede nutrirse con agua del pozo de Dios o con agua del charco de mis pensamientos. Entré en un verdadero conflicto, ya que el reto que esta parábola representa para mí hoy en día es la vida comunitaria; de verdad cuán difícil es entender y hacer empatía con mis hermanos que en ocasiones tienen tan diferente forma de ver las cosas, de ver el paso de Cristo por su vida como seres humanos, y es exactamente en estas consideraciones en los que me pongo alerta.

Desde que entré al Carmelo, la labor personal ha sido ardua, el ideal de “conócete a ti mismo,” modelo que ha adoptado la Orden, me ha interpelado siempre y hoy no se hace la excepción. Ser, o más bien, tratar de ser coherente conmigo mismo me ha dado verdaderos dolores de cabeza y en alguna que otra ocasión me ha llevado a entrar en conflicto con algún hermano dentro de la comunidad. Y vaya que he estado tentado a desligarme en mi responsabilidad de crecer y transformar mi visión de gracia por parte de Dios y de coherencia conmigo mismo. Me he peleado tanto con la idea de poder entregar toda mi persona a la transformación, que muchas veces ante el dolor que esto causa me he querido rendir o incluso quedarme con la mayor tentación de todas: el vivir con una doble conciencia de la vida consagrada a manera que se termine adaptando a mis deseos y necesidades que a lo que me he comprometido a vivir. Pero poco a poco he comprendido que romper estructuras anquilosadas (y dar con ello buena bebida) no significa que arranque de raíz el trabajo de la gracia o la devoción en mi vida religiosa , mucho menos “modernizar” (sacando de su verdadero significado) los consejos evangélicos y reducirlos a una visión de “libertad” mal entendida; sino sembrar caridad y dejar que germine ayudandome así a superar estructuras y entrar en la fraternidad de los hijos de Dios, poner caridad en los actos de la vida cotidiana y dejar que el oxígeno de esta planta impregne la belleza del amor comprometido. Se escucha muy bello, pero para llegar a esta conclusión he tenido que ser exprimido como uva para sacar el mejor de los jugos, y vaya que ha dolido.

Lo que si sé es que al igual que la uva, estoy llamado a dar buena bebida, buen vino que acompañe la comida y haga amena la convivencia, así cuando me pregunten ¿tú cómo vives tú formación como carmelita? Por dentro siempre resuenen las palabras: recuerda que tienes cuerpo de uva.

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