Cuando me olvido de mí

octubre 18, 2014 |

en casa san jose 2014_recargadoPor Horacio Díaz Torres
¿Has experimentado en algunos momentos la sensación de estar en paz, tranquilo y contento? Tal vez cuando vas rumbo a la escuela, al trabajo, a casa o quizá caminando de repente te detienes y vez la alegría de los niños en el parque, de la tranquilidad de las personas caminando, el ver los edificios y nuevas construcciones o simplemente sólo observas y sientes una sensación de bienestar, energía y tranquilidad.

Me he dado cuenta de que cuando esto me pasa, es cuando me olvido de mí mismo. Cuando siento que mi vida se disuelve y sólo estoy ahí sin tratar de dirigir la realidad.

Esto se llama contemplación, esta sensación de misticismo que me rodea ha sido una de mis mejores experiencias aquí en el Carmelo, el saber y encontrar a Dios dentro de mí.

Al abrir mis ojos, dejo este estado de bienestar y me pregunto: ¿Cómo es que me puedo sentir así, si el mundo es un desastre? Basta leer los periódicos, voltear a mí alrededor o asomarme a los problemas y angustias de la propia vida. Así que ¿cómo me atrevo a olvidarme de los otros o de lo que se supone debería estar haciendo? Y me entra el remordimiento.

Nos preocupa ser productivos, hacer algo que “valga la pena,“ pero el Carmelo me ha enseñado la oración contemplativa, una forma de “no hacer nada” o “perder el tiempo,” y en ella he descubierto, la paz, la armonía, alegría, y que Dios está conmigo tanto en los momentos más difíciles y más felices de mi vida. He encontrado que la oración silenciosa es importante porque me va transformando.

Alguna vez escuché a alguien en la tv en una entrevista a un cantante decir que sólo quien ha sufrido mucho puede escribir una buena canción, una buena novela o un poema, antes pensaba así. Desafortunadamente se me inculcó una creencia errónea acerca de un Dios que castiga, de un Dios que excluye y que margina; pero yo diría que no. Muchas veces creí eso pero me he dado cuenta que también los que reímos y los que tenemos paz también podemos crear cosas positivas. La oración me ha presentado a un Dios amoroso y misericordioso.

El gozo se me da por instantes, es ligero y no pesa; y si no hay mucho que decir sobre él, sólo se siente en el cuerpo y en el espíritu y se siente bien. O se transmite en ese suave aroma que deja en el aire una persona apacible.

Entonces ¿Por qué sentir esa culpa o pena por sentirnos plenos? Es cierto que el mundo está repleto de cosas tristes y trágicas; pero también es cierto que buscar esos momentos de paz y gozo no sólo es cuestión de darnos permiso, sino que es una obligación.

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