Perfiles en el Ministerio

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Cuatro Diferentes Caminos con el Mismo Destino

Si das un vistazo a la hoja de vida de Michael Flynn, quizás te sorprenderá saber que se trata de un fraile Carmelita. También es psicólogo clínico en el West Side VA Medical Center en Chicago, profesor en el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de Illinois, ha sido profesor de matemáticas y psicología a nivel de secundaria como decano de estudios. Pero si observas con más detenimiento, sabrás que el P. Flynn es pastor asociado en la parroquia La Natividad de Nuestro Señor y que ha dado retiros para sacerdotes, religiosas y feligreses.

El P. David Blanchard se encontraba en la escuela primaria cuando leyó acerca de los Carmelitas en el Perú. “Lo que más llamó mi atención fue de que ellos estaban realizando su servicio en la Iglesia con un sentido de cercanía. Ellos estaban caminando junto con el pueblo, en su lucha por la justicia y por salir de la pobreza,” dice. Con esta inspiración, entró en el seminario menor, donde estudió durante seis años. “Yo siempre quise ser un misionero,” añade. Dejó el seminario para obtener los grados académicos en Antropología en la Universidad de Massachusetts y la Universidad de Chicago, pero pronto retomo sus estudios en el seminario.

El P. Albert Koppes siempre esperó dedicarse enseñar y desde que ingreso en el seminario, a la edad de 13 años, supo que como Carmelita iba a dedicarse a la enseñanza. Ahora, a sus 69 años de edad, está involucrado en un proyecto que ayudará a formar la próxima generación de administradores de escuelas. Él está desarrollando como recaudando los US$300 millones que se necesitan para iniciar un programa de doctorado en Liderazgo para la Justicia Social, el cual estará vinculado con el programa de Administradores de Escuelas de la Universidad de Loyola. El programa abordará una serie de temas desde la diversidad cultural hasta de justicia social, como la pobreza y la dignidad humana.

El P. Myron Judy invierte 14 horas al día en un hospital católico en Filadelfia a fin de “Ayudar a las personas a experimentar la presencia sanadora de Dios”, en medio de las muchas “cargas mundanas del día”, dice. Su día, además de participar en las actividades de trabajo social y consejería, incluye la administración de los sacramentos y de proveer orientación ética tanto a pacientes como al personal del hospital. “Siempre me he sentido llamado a ofrecer a las personas tanto el apoyo como el asesoramiento necesario para ayudarles a superar los momentos difíciles que esta viviendo. También disfruto mucho de ayudar en actividades de promoción y educación,” afirma el P. Judy.

Cada uno de estos hombres, no tenían claro lo que la vida les deparaba como Carmelitas. Cada uno de ellos, han sabido responder a diferentes llamados en adición a los de su ministerio como Carmelitas.

Tomando un Nuevo Camino

“Mi trabajo como psicólogo me ayuda en mi ministerio con los feligreses y amigos como sacerdote, y mi trabajo como sacerdote, hace lo mismo por mi trabajo de psicológico”, explica el P. Flynn. En el West Side VA Medical Center en Chicago, brinda asesoría a los médicos sobre una serie de temas que van desde los tratamientos médicos complementarios para el cáncer hasta el manejo del dolor y el cumplimiento con el tratamiento. También es un firme y activo defensor del valor médico y psicológico de la hipnosis.

El P. Flynn comenta que recientemente trató a una mujer de la parroquia que padecía de un fuerte dolor derivado de una cirugía de espalda. “Su dolor era tan intenso que se estaba convirtiendo en un persona con tendencia suicida. Tuve la oportunidad de ayudarle a aminorar la sensación de dolor, algo que los medicamentos no habían lograron hacer. Brindar alivio a las personas es especialmente gratificante y satisfactorio, más aun, cuando ves el alivio en el paciente. También brindo apoyo, en el hospital, a los familiares y amigos de personas fallecidas. Este es un ministerio muy especial e importante,” dice.

El P. Blanchard tuvo la oportunidad de combinar su entrenamiento como antropólogo con su deseo misionero cuando la Unión Teológica de Washington le pidió aportar su experiencia en el programa de formación misionera. “Yo quería ser misionero en el campo, pero las personas de la Unión Teológica de Washington son únicas por lo que me decidí a dar clases,” dice. A finales de 1980, la provincia seguía con gran atención la situación imperante en El Salvador. En aquellos días, el P. Peter Hinde, un Carmelita que se encontraba profundamente involucrado en el ministerio de la Justicia Social en América Latina, invitó al P. Blanchard como a otros Carmelitas a venir a El Salvador para comprender la situación de primera mano.

“Tenía la esperanza de crear un sistema en el que los estudiantes pudieran hacer su experiencia pastoral en El Salvador y volver mejor informados sobre la realidad de la justicia social como del trabajo que hay que hacer”, explica el P. Blanchard. En 1988, recibió el permiso para enseñar durante el otoño, y de asistir a la comunidad de refugiados en El Salvador durante el verano. Es en esta época del año cuando recibe a los estudiantes que vienen a El Salvador para participar de la experiencia pastoral. “Esta ha sido mi vida durante los últimos 12 años”, dice el P. Blanchard a sus 51 años de edad. “La mitad de mi vida me he dedicado a la enseñanza, la otra mitad, la he pasado trabajando junto a los pobres de El Salvador.”

Uno de los proyectos en los que el P. Koppes ha estado participado en conjunto con la Universidad de Loyola es en establecer una alianza con “Teach for America.” La idea es que estudiantes de las escuelas católicas de Los Ángeles se dediquen a enseñar en escuelas de los barrios más pobres, viviendo para ello en un convento en Compton. “Nuestro programa se basa en el creado en Notre Dame. Lo que me atrajo es la forma en que este programa aborda de forma directa las cuestiones de justicia social”, explica el P. Koppes. “Existe una verdadera falta de profesores en estas áreas y estamos en la disposición de formar jóvenes que tienen el deseo de enseñar allí. Yo creo que estos jóvenes son los religiosos del siglo XXI. Ha habido una respuesta increíble al programa por parte de los jóvenes. El primer año tuvimos 10 solicitudes, para el año siguiente tuvimos 50, y para el siguiente año estamos esperando de 75 a 100 solicitudes.”

“Estar en un hospital comunitario es como estar en una pequeña familia, ya que de vez en cuando se puede ayudar a otros en tareas que van desde la educación hasta el desarrollo de políticas comunitarias. En un momento usted puede estar en la sala de emergencia tratando de convencer a un adicto a hacer un mejor uso del cuerpo que Dios le ha dado, y 15 minutos más tarde, usted puede estar tratando de animar a un joven del personal, que ha sido diagnosticado con cáncer, a mantenerse en contacto con el amor de Dios y su poder,” explica el P. Judy.

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Reconociendo a un Carmelita

Al ser cuestionado acerca de qué características como Carmelita ha podido poner en práctica a su ministerio, el P. Judy responde: “Afortunadamente, hay un poco de Elías en mí lucha por abogar por un buen trato a los pobres que se encuentran entre nosotros y en estar a gusto con una vida solitaria centrada en Dios; también hay un poco de los estudiosos como Tito Brandsma que buscaba asegurarse de que los principios morales fueran cumplidos, y un poco de algunos Carmelitas que recientemente han fallecido, hermanos que eran ‘gente de la gente,’ que buscaban a Dios en los pequeños detalles del día a día.”

Como Carmelita, el P. Flynn cree que la característica de ser una persona de oración que comparte la vida con sus semejantes tiene una gran relevancia. “Lo que nos hace ser útiles y de algún provecho para los demás radica en la calidad de relaciones que forjamos con las demás personas, ya sea que trabajemos como psicoterapeutas, directores espirituales, o sacerdotes en la Iglesia”, opina. “Me esfuerzo por ser como el título de un libro que leí hace algunos años: «Un hombre de Dios para los demás».”

El P. Koppes reflexiona acerca de que “Los Carmelitas son muy abiertos. Yo he sido capaz de hacer casi todo lo que he querido en mis años como sacerdote”, añade. “Ahora es mi turno de devolver, al compartir el dinero que he ganado por ayudar a mantener a la Orden y nuestros ministerios de justicia social.”

El carisma Carmelita se ve reflejado de muchas maneras en el trabajo que realizo apunta el P. Blanchard. “Lo que yo hago, involucra brindar consuelo y afrontar desafíos, actividades que son parte del carisma Carmelita”. “Nuestra Señora del Monte Carmelo representa el consuelo que debemos ofrecer a los demás, mientras que nuestro fundador (simbólico), Elías, representa nuestro compromiso en desafiar al mal y anunciar de la buena noticia. En el servicio siempre se nos exige comprometemos en la dimensión del consuelo. Debemos escuchar, incluso si no podemos ayudar, y ofrecer el mejor consuelo posible a las personas. Proveer de comida al hambriento, brindar refugio a las personas sin hogar, poner atención y cuidado a las personas mayores son tan sólo unos ejemplos de ello. En El Salvador, actualmente, estamos atendiendo a 1,500 niños con problemas de desnutrición y brindando alimento a 600 personas mayores que no cuentan con familia ni recursos para su propia manutención; además, brindar salud, y educación a quienes lo necesiten. Como Carmelita, debemos preguntarnos por qué suceden este tipo de cosas y hablar de la verdad apolítica, desafiando a las estructuras que crean pobreza, hambre y soledad. Hay que facultar a las personas para asumir el trabajo de la Iglesia. Para que cuando nos vayamos, hayan heredado algo de los Carmelitas.”

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